Compartir:

lunes, 8 de agosto de 2011

EL DIOS DE LA ETERNIDAD


Tratamos de entender a Dios a partir de nuestra experiencia humana temporal, sujeta a días, meses, años; sin preocuparnos pensar que El es “el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso” (Apocalipsis 1:8). Jehová es más que un Dios eterno, es el Dios de la eternidad, y su reino es la eternidad, y sus obras no las podemos ni imaginar.

Soy el que Soy.

Cuando Moisés le preguntó a Dios cual era su nombre, solo le dijo: YO SOY EL QUE SOY” (Éxodo 3:13). En realidad eso no es nombre, sino Verbo del que posteriormente  surge la expresión Jehová que significa existencia divina. El patriarca Jacobo pasó una noche luchando con Dios, y decididamente le preguntó por su nombre, pero la respuesta solo fue: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? (Génesis 32:29). Dios aún no nos ha dado su nombre, porque nuestra mente no soportaría procesar el nombre mas sublime del universo y la eternidad. El autor de Apocalipsis dice que el nombre de Dios se nos va a dar cuando estemos en plano superior: “Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios” (Apocalipsis 3:12).

El Verbo divino, Jehová para los antiguos israelitas fue muy sagrado; se cuidaban pronunciarlo, sino solo para casos altamente solemnes; para las otras cosas de importancia como devociones, predicas, o escritos preferían decir Dios o Señor; y en casos que se requería escribir el verbo Jehová, lavaban su pluma siete veces. Jesús  profundizó más el tema acentuando que nadie puede juramentarse en ese Verbo divino ni cuando se trate del cielo, o la tierra, ni por la vida de uno mismo (Mateo 5:33). El Señor no esta prohibiendo el juramento, sino que no se use el nombre de Dios ni las cosas sagradas que pertenecen a él. No está mal que para asegurar los tratos y contratos con las personas se les pida el juramento Cuando una persona asume un cargo de autoridad debe juramentarse; pero cuando la persona no esta muy seguro de si mismo es basta que diga si o no, es decir que prometa realizarse de lo mejor que pueda.

Dios al identificase con el verbo SOY LO QUE SOY, está diciendo soy una existencia eterna. Esa es la diferencia con los muchos dioses que a través de la historia la gentes han imaginado y creado, no son existencia, sino ficticios (1Corintios 8:5-6). Nuestra fe se basa en una existencia real, divina y poderosa sin nombre. Una existencia capaz de traer otras cosas a existencia. (Hebreos 11:3). No sabemos como es Dios, que forma tiene, no nos ha dado ni siquiera un nombre para imaginarlo como es, solo dice: Soy el que soy, creándonos la convicción de que es una existencia inteligente y poderosa sobre el universo. Este Verbo divino Jehová es de amplio significado en nuestra fe; es nuestra bandera, nuestra paz, nuestra justicia, nuestra fortaleza, nuestra salvación etc. Jehová es la vida de nuestra fe, el amor que sostiene nuestra religión (Deuteronomio 6:4-9).

En el Nuevo Testamento no se lee el Nombre Jehová, pero en su lugar tenemos el nombre Jesús que significa Jehová salva (Mateo 1:21). Es decir Jesús es lo mismo que decir Jehová; él es el resplandor y sustancia de la gloria de Dios, (Hebreos 1:3). Jesús es Dios a lado de Dios: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho (Juan 1:1-3). Jehová es Trino: Padre, Hijo y Espíritu santo. En estos tres santos nombres nos bautizamos (Mateo 28:19). El bautismo en nombre de la Santísima Trinidad simboliza la doctrina a seguir, en la que Dios nos promete bendecir: La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén” (2 Corintios 13:14).

Omnipresencia de su trono.
Hemos intentado imaginar un trono en un lugar central en los cielos, donde Dios está  sentado, y desde allí gobierna a todo el universo, de manera que nos hemos creado la mente de un Dios sentado en  su trono, al que hay que llegar de rodillas. El trono de Dios no es como imaginamos; el profeta Isaías dice que los cielos son el trono de Dios, y la tierra el estrado de sus pies (Isaías 66:1), y Jesús confirma esta verdad (Mateo 5:34) Otro profeta llama a Jerusalén Trono de Jehová (Jeremías 3:17). La iglesia universal es su trono de Dios (Apocalipsis 21:3). Si en la Biblia abundan las descripciones de trono o tronos, son símbolos de lo que realmente significa el trono de Dios. El trono de Dios como las ilustraciones bíblicas nos indican, está simultáneamente en todas partes

 La presencia de Dios para con nosotros mantiene cierta distancia. Se dice que es distancia de gracia, porque si se acerca mucho puede en un instante puede consumirnos. Algo ha pasado con nosotros, para que Dios no pueda acercársenos; en Edén Dios estaba junto a Adán y Eva, pero el acto de desobediencia nos ha alejado de Jehová; no solo a nosotros, sino a toda la creación; (Romanos 8:20-23). De modo que no podemos acercarnos bien el uno al otro.

A Moisés le habló Dios de cierta distancia, y cuando éste intentaba acercarse la zarza que ardía, le dijo: “¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es (Éxodo 3:4-5). A veces Dios se nos acerca un poco, pero para protegernos del poder de su presencia se oculta tras algo. Para hablar a Moisés los hizo desde el cerro y tras el matorral de zarzas. A Israel cuando salió de Egipto, en el día los guiaba tras la nube, y en la noche en una columna de luz. (Gen.13:21-22). Cuando Cristo venga por segunda vez no se acercará directo a la tierra, sino se detendrá en las nubes a donde los serán arrebatados para recibirle (1Tesalonisenses 4:17). Eso no quiere decir que Dios no esta con nosotros, desde su distancia nos hace sentir y llena de su bendita presencia, y nos regocijamos con él.

Relación entre Dios y el hombre.

El mensaje más conmovedor de la Biblia es que el Dios de la eternidad nos ama. Como dijera el salmista que Dios ocupa las alturas, pero se humilla para mirarnos (Salmos 113:5-6). Es que los hombres llevamos su imagen y semejanza, por lo que nos sentimos atraídos, el hombre a Dios y Dios al hombre. Somos familia, donde Dios no se considera el amo, sino nuestro Padre Celestial, es decir él es padre de familia con responsabilidad de nuestro bienestar.

Quiere desarrollar una relación con nosotros es de lo más sencilla posible; dice: “En aquel tiempo, dice Jehová, me llamarás Ishi, y nunca más me llamarás Baalí” (Oseas 2:16). Ishi indica el afecto de una relación de familia. Baali: Señorío, amo, propietario. La escritura dice: “Nunca mas me llamarás Baalí” Jesús se dirigía al Padre celestial lo hacía de manera muy sencilla e íntima: “Abba Padre” (Marcos 14:36), como decir, papá o papi. San Pablo también se relacionaba de esa manera sencilla con Dios (Romanos 8:15-16). En esta gran familia de Dios, Cristo es nuestro hermano mayor (Hebreos 2:11). Somos hermanos de Jesús en doble sentido; él lleva nuestra humanidad, y también somos hijos del Padre Celestial.

Dios no esta interesado en ceremonialismos religiosos, ni celebraciones, como en la intima relación de confianza familiar, y por su puesto dignidad de hijos del Dios de la eternidad. Dijo a Abraham:”Anda delante de mi y se perfecto” (Génesis 17:1).

domingo, 7 de agosto de 2011

LA CIENCIA DEL BIEN Y DEL MAL


Vamos a considerar una ciencia que contiene el bien y el mal que posiblemente simbolice al ser humano. San Pablo como humano se conocía muy bien y con franqueza dice: “Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros” (Romanos 7:22-23). El apóstol descubrió nítidamente en su ser la ciencia del bien y del mal. Sócrates, filosofo griego decía: “Conócete a ti mismo”. Si te conoces bien a ti mismo, te habrás dado cuenta que esos dos poderes naturales, el bien y el mal operan permanente mente en tu personalidad; pero no te preocupes, si eres seguidor de Cristo, siempre tendrás ayuda para equilibrarte en ambos aspectos.

La tentación humana.

No generalicemos que la tentación es del todo mala, la Biblia dice que el tentado hasta es bienaventurado (Santiago 1:12-15). Esas ganas de dormir, de comer, de beber agua etc. se puede llamar tentaciones, sin ser necesariamente malas. Cuando Jesús fue tentado en el desierto sintió hambre que se sentía tentado a convertir a las piedras en pan; ese hambre no fue malo, porque no lo satisfizo según la voz de su tentación. También sintió anhelo de estar tan solo, sino ser reconocido popularmente, para lo cual se sintió tentado a recurrir a espectáculos, como arrojarse de la torre más alta del templo y flotar en el aire. Además pasó por su mente la idea de hacerse rey de reinos por la vía más fácil, sin mayores sacrificios; valiéndose de métodos políticos (Mateo 4: 1-11). Es mas Jesús no solo experimentó esas tentaciones,  sino dice las escrituras: “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15). No dice que no las hizo caso a ninguna de sus tentaciones, sino no las satisfizo mediante el pecado. Ese es el ejemplo para nosotros tratar a nuestras tentaciones, no pateándolas y tratándolas de alejar, cosa que nadie ha podido hasta hoy, sino controlarlas, analizarlas, y si ve que a algunas es necesario satisfacerlas, hágase solo según los principios de la fe cristiana. 

La tentación se produce de la misma naturaleza humana. Las escrituras explican: “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido (Santiago 1:13-14). Eso también reafirma San Pablo: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana” (1 Corintios 10:13). Nos gusta echar la culpa a Satanás por nuestras tentaciones;  pero éste, quizá solo aprovecha para motivarnos a satisfacerlas anormalmente. Es posible que Adán y Eva en el huerto del Edén se preguntaran porque Dios no les permite comer del fruto de determinado árbol, y sentían la tentación de probarlo. Esa posible tentación no la puso Satanás, simplemente se produjo en la consiente naturaleza humana; Satanás solo aprovechó el caso para motivarles a de todos modos saborear ese fruto prohibido.

El rey David fue un hombre muy tentado, pero era suficientemente capas de controlarse,  que la Biblia referente a él dice: Por cuanto David había hecho lo recto ante los ojos de Jehová, y de ninguna cosa que le mandase, se había apartado en todos los días de su vida, salvo en lo tocante a Urías el ateo (1 Reyes 15:5). Solo una de sus tentaciones le venció; sucedió pues, que un día desde su azotea visualizó a una hermosa mujer bañándose desnuda; la deseó y no descansó hasta hacerla su mujer, pese a que sabía que es casada (2 Samuel 11:2-5). No creo que David no cometía pecados comunes que cualquier santo comete en su vida, pero su pecado de maldad no fue más que uno, por el cual tuvo que suplicar el perdón de Dios (Salmo 51). ¡Cuidado! la tentación mas fuerte que ha hecho caer a grandes personalidades es el sexo, por eso el consejo bíblico es huir antes de afrontarlo (2 Timoteo 2:22). Cuando te veas tentado por el sexo, el consejo es que te alejes, en ves de acercarte, lo cual no es cobardía, sino valentía; por que solo los altamente valientes pueden hacer eso. La Biblia reconoce que el hombre por causa de una mujer se reduce a un bocado de pan  (Prov.6:26).

Dios, nos creó en un cuerpo de carne lleno de deseos, que naturalmente no todos son malos; sin embargo eso significa que tenemos un cuerpo maravilloso. Ponte a pensar en cada parte de tu propio cuerpo: ¿Encuentras en el algo que te parece malo? Puede que te hayas o te hayan creado la idea de que alguno de tus órganos es malo, y vives avergonzado de eso; pero te desafío a que borres esa idea falsa de tu mente, y reconcilie con tu cuerpo dándole el reconocimiento y estima que se merece. No te preocupen los deseos de tu carne; ninguno es malo en si, solo que tienes que controlarlos para que no se vuelvan malos. San pablo nos alcanza una lista de deseos que pueden empujarte al mal que son: Adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios (Gálatas 5:19-21) A tales deseos no se tiene que satisfacer (Romanos 13:14).

No todo lo del mundo es malo.

En el mundo no todo lo que hay es malo, quedan cosas buenas que rescatar. Por ejemplo, vamos a un campo donde se arroja los basurales de la ciudad, veremos mucha gente reciclando algunas cosas que todavía son útiles a las industrias. El papel que se usa en las oficinas, escuelas etc. se fabrican de cartones, papeles, telas y más cosas arrojadas como basuras. Con las bolsas, frascos y otros objetos plásticos descartados, se hacen las muñecas y otros juguetes para los niños. Y por su puesto muchas otras cosas se fabrican con objetos escogidos en los basurales. Vivimos en el mundo y tenemos que aprovechar los beneficios que en el hay. Por ejemplo el trabajo lo obtenemos del mundo; por lo consiguiente el dinero con que nos sostenemos es mundano, con sello y firma de personajes que lideraron en el mundo. Es más, con el dinero mundano que ganamos se sustentan las religiones. Las ropas que vestimos nos vienen de modistas mundanos. Muchas de las ideas con las que encaminamos nuestra vida y la vida de los nuestros provienen del mundo; y así muchas otras cosas que usamos a diario son producidas en el mundo y por el mundo.

Lo condenable del mundo es el desarrollo extensivo de la maldad, de la que los cristianos estamos desafiados a no participar en ello. Pero tenemos que saber distinguir entre maldad y error. El salmista nos aclara: Pusiste nuestras maldades delante de ti, nuestros yerros a la luz de tu rostro” (Salmos 90:8).   Aquí nos habla de dos clases de pecados, maldades y errores. Moisés en su libro Leviticos capítulos 4 al 7, nos habla ampliamente de los pecados por error, y como subsanarlos. Pero en Numeros 15:30 se refiere a otra clase de pecado, diciendo: “Mas la persona que hiciere algo con soberbia, así el natural como el extranjero, ultraja a Jehová; esa persona será cortada de en medio de su pueblo”

La maldad se caracteriza por actos inmorales muy ofensivos a Dios y a la población; porque los hace con  intensión maligna, como dijera el salmista: He aquí, el impío concibió maldad, se preñó de iniquidad, y dio a luz engaño” (Salmos 7:14). Indica que la maldad es más que este o aquel pecadillo, sino algo que viene gestándose en el individuo, no como pecado visible, sino una pasión maligna interna insaciable, que va desarrollándose hasta producir el mal. Aunque perece increíble, la maldad puede estar gestándose en creyentes. En lo días de los apóstoles existió un famoso mago en Samaria, quien se convirtió al evangelio, y fue bautizado y todo lo demás. Aquel mago deseaba la máxima experiencia, ser lleno del poder de Espíritu Santo; pero el apóstol Pedro le dijo: “No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás” (Hechos 8:21-23).

Dios puede perdonar la maldad.

Quizá seas perdonado dijo el apóstol al mago. Cuando hay verdadero arrepentimiento, Dios perdona el pecado y la maldad.  Dice la Biblia: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieran de sus malos caminos; entonces oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:14).

martes, 19 de julio de 2011

HUMANIDAD ETERNA


Cristo resucitó en cuerpo humano, y así fue a la eternidad; y allá fue recibido como  primicia (1 Corintios 15:20), primer fruto de la gran cosecha, que seremos nosotros. Esta es la esperanza que nos hará humanidad  eterna con nuestro Señor. Pero con nuestro cuerpo como lo tenemos en esta vida, limitado y debilitado, no será posible entrar en la eternidad, por lo es necesario una transformación radical que nos haga realmente eternos; tal transformación se hará efectiva nuestra muerte y resurrección. San Pablo explica esta verdad al escribir:El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial” (1 Corintios 15:47- 49).

Somos real imagen de Dios.

El hombre, físicamente es parte de la creación; proviene de la tierra, y es tierra; pero en Cristo puede desarrollar en su vida lo celestial, ya que en el hombre hay algo especial, lleva impreso la imagen y semejanza del Creador (Génesis 1:27). Esa imagen divina impresa en el hombre y la mujer, les hace celestiales y eternos. Pero esta categoría de vida no esta en todos los seres humanos, lamentablemente mucha humanidad que deliberadamente practican el pecado, han perdido esa imagen divina.  

Dios al crear al hombre a su imagen y semejanza, seguía la finalidad de hacerse visible mediante esa creación especial. Es decir a los seres humanos se nos ha creado con la misión de que en nuestro ser el mundo vea a Dios. Imagínese que cada humano por seguir al pecado pierde la imagen divina, entonces el mundo no vería al Creador por ninguna parte, y la oscuridad de la incredulidad cubriría todo (2 Corintios 4:4). Temo que eso esté pasando en nuestros días, en que más se ve el pecado que la presencia de Dios. ¿Como vas tu, mi amable lector? ¿Estas cumpliendo con tu misión de ser imagen de Dios en este mundo?

La gente que practica la adoración idolátrica, han tallado alguna forma de imagen del Creador; pero eso no es necesario, porque la verdadera imagen de Dios es el carácter del ser humano. Sen puede decir que los seguidores de Dios son tipos de él, tal que nos ha dicho: “Dioses sois” (Juan 10:34-37). Claro, somos hijos de Dios; entonces somos dioses. (Salmos 82:6). Dice la Biblia que a Dios en forma directa nadie lo ha visto (Juan 1:18), Pero eso no tenía que seguir así, Dios quiere hacerse visible al mundo, y tuvo que humanizarse para lograr ese propósito. Dice el apóstol Juan: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). Esa enseñanza en la Biblia es terminante, Dios solo se hace visible mediante los seres humanos, ellos tienen que ser su verdadera imagen.

Humanos adaptados a lo eternal.

El credo de los apóstoles que en ocasiones recitamos dice: “Creo en la resurrección del cuerpo y la vida perdurable” Pero talvez no todo lo que constituye nuestro cuerpo carnal sea eterno; la Biblia dice que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción (1 Corintios 15:50); sin embargo la promesa que tenemos de Jesús, es que resucitaremos en cuerpo. Pero el cuerpo resucitado será transformado; sin esas partes corruptibles que en vida terrenal cargábamos. Ya vimos que en resurrección, Cristo es nuestra primicia, lo que significa que resucitaremos como él resucitó con su mismo cuerpo que fue crucificado y sepultado. Jesús en su apariciones después de su resurrección, mostraba las heridas frescas de los clavos y lanza que traspasó su costad, eso a fin de que no quede dudas en nadie. El cuerpo resucitado de Cristo, aunque perezca extraño, traspasaba las puertas sin necesidad de abrirlas (Juan 20:19-23). En su tercera aparición a sus discípulos en orillas del mar de Galilea, manifestó tener hambre, y como no había nada preparado; el mismo prendió brasas, asó peces, y sirvió el desayuno a todos (Juan 21:1-13). Nosotros resucitaremos en cuerpos iguales al de Él; palpable, capaz de hacerse visible e invisible, que traspasa puertas paredes, y que tiene hambre y come etc. Seremos sin las imperfecciones que terrenalmente teníamos; enfermos, lisiados, retrazados mentales, amputado etc. Jesús dijo que seremos como ángeles (Marcos 12:25).

Los que Cristo, resucito durante su ministerio en la tierra, todavía no han sido transformados a lo celestial; solo por milagro volvieron a la vida del mismo cuerpo terrenal, quedando expuestos a morir de nuevo. Por ejemplo Lázaro de Betania, después de cuatro días sepultado, Cristo le volvió a la vida, pero todavía no estaba transformado a lo celestial; sino queda sujeta a las mismas leyes naturales y limitaciones como estaba antes.

La vida eterna es actual.

La Biblia enseña que todos los humanos resucitarán; los buenos a vida eterna, los malos a condenación, también eterna (Juan 5:28-29). Entre los humanos hay dos clases de vidas, y las dos son eternas. Dice Jesús que los justos irán a vida eterna, y los malos al castigo eterno (Mateo 25:46). Esas dos clases de vidas no están reservadas para el futuro, sino ya se desarrollan en los individuos; unos viviendo en el estado de muerte, y otros en el estado de vida. Decía Jesús: “Deja que lo muertos entierren a sus muertos” (Lucas 9:60). Digamos los vivos muertos; es decir viven físicamente, pero por dentro están en muerte espiritual. Esa clase de vivir, es simplemente vida, la vida verdadera es la que la que la Biblia llama: Vida eterna, y solo lo posee los seguidores de Cristo (Juan 10:28). Sin embargo los que vive en muerte, puede pasar a la vida (Juan 5:24).

La vida eterna no es algo del futuro sino algo que se experimenta desde el momento que nos convertimos a Cristo, y será la misma vida que viviremos en el mas allá; no hay ese sueño religioso que imagina una vida venidera. El creyente auténtico ya vive la vida venidera; pues, ese tiene que ser el testimonio de pertenecer realmente  a Cristo (1 Juan 5:11). Ese joven rico que acudió a Jesús, preguntándole: ¿Haciendo que cosa heredaré la vida eterna? era un perfecto religioso, cumplidor de todos los mandamientos; pero no tenía vida eterna, y creía que haciendo mas religión la obtendría en el más allá; por lo que  Jesús le aconsejó a quitarse un poco el afán material y se dedique a seguirle, porque siguiéndole a Él se vive la vida eterna. Desafortunadamente aquel joven no entendió el mensaje, y perdió su oportunidad. (Marcos 10: 17-22).

¿Toda la humanidad va a la eternidad?

A muchos resulta difícil creer que la inmensa humanidad de todos los tiempos tenga que existir eternamente; y han surgido quienes afirman que la humanidad rebelde a Dios serán aniquilados. ¡Que misterio! y la Biblia parece hablar de eso. Jesús habla de un horno en el que serán echados los inicuos (Mateo 13:40-42). Antiguamente a los hornos se calentaba con paja, la que en la alta temperatura se consumía de inmediato, quedando nada más que ceniza. A eso va la parábola del trigo y la cizaña donde a la gente mala  se ilustra con la cizaña, que al fin se aniquilará en el horno. También el salmista David escribió algo similar: “Alcanzará tu mano a todos tus enemigos; tu diestra alcanzará a los que te aborrecen. Los pondrás como horno de fuego en el tiempo de tu ira; Jehová los deshará en su ira, y fuego los consumirá” (Salmos 21:8-9). De igual manera  se expresa el profeta Malaquías: “Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama”.  Jesús a sus seguidores les llama pámpanos, es decir ramas de la vid. Hay ramas que producen fruto, y ramas que no, a las que las echarán en el fuego. (Juan 15:1-6). Es más habla de algo que puede destruir el alma  y el cuerpo en el infierno (Mateo 10:28).

Otros piensan que la humanidad siempre ha sido la misma cantidad, sino que viene reencarnándose en nuevos nacimientos humanos. La Biblia no proclama este tema, pero en la gente se vislumbra tal creencia. Por ejemplo cuando la gente admiraba a Juan el Bautista creían que es el antiguo profeta Elías. Y el mismo Jesús dijo: “El es aquel Elías que había de venir” (Mateo 11:14). También cuando las multitudes admiraban a Jesús, unos creían que sería alguno de los antiguos profetas (Lucas 9:18). El rey Herodes creía que es Juan al que había decapitado (Marcos 6:16). Es mejor que esos misterios los dejemos a Dios.

Mientras tanto cultivemos la fe de que la muerte no es el fin del ser humano, sino la transformación para la vida plena en Dios. Digamos con Pablo: "Para mí el vivir es Cristo y la muerte ganancia" (Filipenses 1:21). “Buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra (Colosenses 3:1-2). 

lunes, 18 de julio de 2011

¿PORQUE JESÚS FUE AL INFIERNO?


San Pedro nos deja perplejos, si aliento; al revelarnos un gran misterio, ¡Cristo fue al infierno y allá predicó a los espíritus condenados! (1 Pedro 3:19).Cuando Pedro sorprende con esta enorme revelación, nadie reaccionó resistiendo ni contradiciendo; más bien todos aceptan reverentes. San Pablo mas bien apoya esta sublime verdad diciendo que Cristo antes de ascender a los cielos descendió a la parte mas baja de la tierra, que significa al infierno (Efectos 4:9-10). Al parecer aquellos creyentes no tenían prejuicios referentes a infierno, demonios etc., por lo que no les fue extraño que Jesús visitara al infierno.

Cuando Jehová escribe los diez  mandamientos, se identifica como el Dios fuerte y celoso que visita la maldad (Éxodo 20:5). De hecho Jehová en varias a visitado al mundo de pecado. Visitó a Adán y Eva cuando pecaron, y habló con ellos. Visitó a la torre de Babel, y ayudó a esa gente que actuaban en contra de su voluntad. Visitó a Sodoma y Gomorra. Jesús Visitó al mismo infierno Etc. En cada visita que Dios hace a los pecadores, no va a condenarles, sino les lleva un mensaje de salvación. Depende del  pecador; si no lo acepta, se condena así mismo.

¿Que predicó Jesús en el infierno?

Jesús no tiene otro mensaje, sino salvación y liberación. Él mismo dice: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor” (Lucas 4:18-19). Este es su ministerio; y por que no creer que ese fue el mensaje que predicó a los espíritus encarcelados en el infierno.

Eso es lo que menos desean aceptar las religiones tradicionales; pero mientras ellas predican condenación eterna, Dios por su lado está liberando condenados. Sin que el mundo se diera cuenta Jehová visitó a Adán y Eva, primeros condenados por causa del pecado, y les comunica su sentencia;  pero también les da esperanza de salvación, diciéndoles que de la misma simiente de ellos vendría el Redentor (Génesis 3:15). Ellos creyeron y aceptaron tal mensaje por lo consiguiente fueron salvos. La Escritura dice: “Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió. Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:21). Eso que diga: Son como uno de Nosotros, significa que han recuperado la imagen de su Creador que lo perdieron al pecar. Es mas, les vistió con túnicas de pieles de animales, para tal efecto tuvo que derramarse sangre, para cumplirse el requisito principal de la salvación, que debe haber derramamiento de sangre (Hebreos 9:22). Además, les vistió, lo que significa salvación. Dice el Profeta Isaías “En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas” (Isaías 61:10) También Jesús nos habla del hijo pródigo, ese muchacho que vivió perdidamente, cuando volvió el Pare le vistió (Lucas 15:22).

Cuando Jesús visto al infierno, el apóstol Pedro hace referencia a los que murieron en el diluvio, a quienes Dios predicó por medio de Noé, pero ellos no creyeron ni obedecieron (1 Pedo 3:20); por lo que Jesús en persona fue a predicarles. Ese mensaje poderoso de Jesús hizo revivir a muchos de esos espíritus, que  la Biblia testifica que muchos sepulcros se abrieron y sus cadáveres resucitaron, los cuales fueron vistos en la ciudad de Jerusalén (Mateo 27:51-53). De esa manera se cumplió la profecía que decía: “Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. ¡Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra dará sus muertos (Isaías 26:19). También se cumple otra profecía que habla del sacrificio expiatorio del Mesías, pero que “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho” (Isaías 53). Es que Dios en su soberanía actúa de manera que ni lo imaginamos. Él mismo dice: “Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:9).

Grados de condenación.

Cuando Cristo habla de condenación establece que no es igual en todas las personas; es decir, de nuestras lecturas bíblicas podemos deducir la existencia de menor mayor y máxima condena. Por ejemplo a los fariseos que aparentaban rectitud, pero en el fondo eran inicuos, les dijo que recibirían mayor condenación (Mateo 23:14); los que en nombre de la religión explotan al pueblo recibirán mayor condenación (Marcos 12:38-40); los que rechacen la predicación vangelística, serán castigados mas que a Sodoma y Gomorra (Marcos 6:11). Pero hay unos que recibirán la máxima condenación, sin oportunidad de perdón: “Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero (Mateo 12:31).

Siglo: en la Biblia significa un período largo e indefinido (Génesis 9:12). La expresión: “Siglo venidero” se refiere a época del futuro infinito.  La palabra de Jesús que dice que los que blasfeman contra el Espíritu Santo no serán perdonados ni en el siglo venidero, deja un campo abierto para suponernos en la eternidad podrían haber algunos perdones. No sabemos como desarrollará Dios la vida en la eternidad.

Cierto dialogo con lo infernal.

Cualquiera dice que el infierno es un ambiente diabólico, pero cuando la Biblia dice que Jesús fue a predicar al infierno, lo dice como que se tratara de algo natural; no se nota prejuicios, ni temores. Los lectores de las Escrituras de aquellos tiempos, tampoco se escandalizaron, ni polemizaron al respecto.

El libro de Job en sus dos primeros capítulos nos muestra nítidamente los diálogos entre Dios y Satanás. Nos habla de reuniones de hijos de Dios, entre los cuales se reúne  Satanás, y como a todos se le permite dialogar con Dios. Jehová, de manera especial pregunta a Satanás respecto a Job. y este responde que Job es fiel, porque nunca se le a aplicado una prueba difícil; y solicita permiso para probar a Job (Job 1:11). El diablo viendo que Job persistía en su integridad, aprovechó otra reunión de los hijos de Dios para solicitar más permiso y seguir probando la fidelidad de Job (Job 2:3-6).

En 1 Reyes capitulo 22 hay otra historia insólita que relata del deseo de  Josafat rey de Judá y del rey de Isael ir en guerra contra Ramot de Galaad; Pero como era costumbre, primero consultaron con sus profetas; los cuales hablaban victorias para ese proyecto. Sin embargo esos profetas no sabían que estaban siendo engañados por un espíritu de mentira, enviado por Jehová (1Reyes 22:19-25). En ese pasaje leemos que el profeta del Señor, Micaías vislumbró una concentración de los ejércitos de los cielos, ante quienes Jehová manifiesta su preocupación por la soberbia de esos reyes, y necesitaba alguien que pudiera truncar ese plan de guerra. Entonces de entre esos ejércitos del cielo salió un espíritu de mentira ofreciendo sus servicios, y Dios le envió a cumplir con esa misión (1 Reyes 22:22).

Hay otro pasaje asombroso, la hechicera de Endor; a la que el rey Saúl acudió, para que le dijera su destino. Aquella noche en la sesión con la bruja, apareció el espíritu del difunto profeta Samuel, y la hechicera gritó de espanto, porque no esperaba ver lo que estaba viendo. ¡Era el mismo profeta Samuel! viniendo mediante esa sesión de hechicería para repetir a Saúl, que Jehová ya no le reconoce rey, y que terminarían el y sus hijos muertos en manos de los filisteos (1 Samuel 28:17). Es misterioso que un santo profeta de Dios aparezca en una sesión de hechicería; sin embargo vemos que Dios no tiene prejuicios para usa cualquier vía y darnos su mensaje.

Tenemos que de una vez por todas entender que en el ámbito espiritual nada contamina a nadie, cada quien es lo que es, donde quiera se encuentre. El cielo es el cielo, y no puede ser contaminado por el infierno, ni viceversa. Satanás no contamina a los hijos de Dios, aunque se le ve de ves en cuando entre ellos. Jesús no se contaminó al visitar al infierno. El mundo no contamina al realmente cristiano Etc. San Pablo dijo: “Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo; mas para el que piensa que algo es inmundo, para él lo es” (Romanos 14:14). “Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas(Tito 1:15). Nos explica claramente que idea de contaminarse no es más que una superstición o creencia en la mente de la persona.

Cada individuo es lo que es por su propia decisión, y el destino eterno que le espere, también él lo ha decidido con la vida que lleva. Mejor es ponerse a la dirección de Cristo, y Él nos ayudará a alcanzar los altos propósitos para que fuimos creados.

domingo, 17 de julio de 2011

EL CIELO DE LOS JUSTOS


Jesús es nuestro cielo, No viene a llevarnos a un cielo especial por allí, sino dice:Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:3. En estas palabras Jesús demuestran su profundo amor y deseo de estar cada vez estar más junto a nosotros su iglesia. Su meta: “Para que donde yo estoy vosotros también estéis

“Os tomaré a mi mismo”

El verbo tomar, se usa en las ceremonias matrimoniales cuando el esposo toma solemnemente a su esposa, y promete vivir con ella de por vida. Esa es la verdad de Cristo con su iglesia; ¡viene a casarse con ella! Cristo no está dispuesto a vivir la eternidad sin su iglesia, ella es lo más valioso; pues, le cuesta su sacrificio en la cruz.

Para la celebración ese acto matrimonial tan sublime, estarán presente la santísima Trinidad para bendecirlo. Dice Jesús:El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Juan 14:23). Este será un matrimonio que nunca ha visto la eternidad, para lo cual Cristo está preparando a la iglesia. Dice la Biblia: “Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5:25-27).

¡Que maravilla, no seremos simplemente gente redimida y santificada, sino esposa del Rey de reyes! Por lo que también tendremos autoridad en Cristo para gobernar el universo. Dice el apóstol Pablo: “Sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo” (Efesios 1:22-23).

Las moradas de Dios.

Jesús aclaró:”En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros (Juan 14:2). Aquí hay una gran revelación; dice que no va a preparar porque en la casa del Padre muchas moradas hay. Pues, el universo entero está a disposición; le pertenece Cristo, es su herencia.

En la Biblia hay muchos versículos que nos hablan de moradas de Dios, pero no se refieren a lugares físicos en el infinito. Por ejemplo en 2 Corintios 5:1 leemos: “Tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial”  No puede referirse a un edificio como los que conocemos en la tierra, porque dice: Un edificio, una casa en los cielos. Tendría que ser una casa que cubra los cielos, incluyendo a nuestro planeta; cosa muy difícil de concebir. Más bien se ha de referir a lo que será la vida cubriendo los cielos y tierra.  Jesús ya lo dijo con toda claridad: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay” Casa en tiempos bíblicos no siempre se refiere a un edificio construido materialmente, sino a la familia. Morada es vida; si en una casa o edificio no vive nadie, no se puede llamar morada. Entonces la morada de Dios no es un edificio material, sino las vidas que existen en la tierra y los cielos.

Hay astrólogos que piensan que no estamos solos en el universo; es posible que haya vida en otros mundos; y que Jesús es pastor de esas vidas, porque dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor” (Juan 10:16).  Algunos pensadores cristianos también han dicho que la parábola de las cien ovejas se refiere a esas vidas en otros mundos del infinito. Afirman que cada oveja representa a un mundo con vida; lo que significaría que en el universo infinito hay cien mundos donde existe vida. De esos cien mundos, noventa y nueve son justos que no necesitan arrepentirse de nada (Lucas 15:7), solo uno se descarrió, el nuestro, tras el cual Cristo tuvo que venir a dar su vida para rescatarnos. ¡Que misterio! Solo la mente de Dios puede entender eso.

El cielo no es la meta.

La Biblia dice que Jesús ascendió por encima de todos los cielos para llenarlo todo (Efesios 4:10). Se afirma que Jesús no está en determinado lugar en los cielos, sino llena todo; y la iglesia como su cuerpo, en él llenaremos todo. Claro, eso significa la promesa: “Vendré y os tomaré a mi mismo, para que donde Yo estoy vosotros también estéis” Entonces la iglesia no va a meterse en un determinado lugar en los cielos, sino estará donde Cristo esta, en el universo llenándolo todo. La Biblia dice que la iglesia compartirá la autoridad del Señor (Efesios 1:22-23).

Muchos religiosos han hecho su meta del cielo, se preparan religiosamente para ir al cielo; hasta temo que  estén incurriendo en cierta idolatría del cielo. Ese fue el problema de los que construían a torre de Babel (Génesis 11:4). Trabajaban arduamente construyendo una torre que les haga llegar al cielo.

Mientras Jesús ascendía hacia arriba, los discípulos  le miraban hasta que ya no podían verle, pero se quedaron con los ojos fijos en el cielo, que fuwe necesario que venga un  ángel a decirles: “¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1.11). Esa pregunta debería afectar poderosamente nuestra vida: ¿Qué hacemos mirando a cielo? ¿Qué sacamos de allí? Los ángeles aconsejan que miremos al Cristo que volverá. Entonces es en Jesucristo que tenemos que fijar la vista, y no el cielo. El salmista se preguntaba:¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre” (Salmos 73:25-26). Jesús es hecho más sublime que los cielos (Hebreos 7:26), y nosotros vamos por lo mas sublime.

Muchos sueñan que por su fidelidad religiosa al fin irán a un cielo de descanso eterno. Imaginemos un cielo especial, con jardines y calles de oro, pero con el transcurso de la eternidad se irá haciéndose aburrido, hasta puede sentirse como una prisión sin salida. Cristo no nos salvó para meternos en una prisión, sino para ser libres. Dice la Biblia: “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 836).  Apocalipsis nos vislumbra una eternidad donde la iglesia estaremos en permanente actividad, dice: “Estos están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos” (Apocalipsis 7:15). Significa que la iglesia estará en el universo entero sirviendo juntamente con Cristo por la eternidad al reino de los cielos.

martes, 21 de junio de 2011

El infierno de los malos

El mensaje de cielo e infierno la sacamos de (Mateo 25:41 y 46) que a la letra dice: “Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángelesE irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”
En la Biblia, en sus textos originales, no se halla la palabra infierno; sino unos términos como hades, seol, gehenna; los que se traducen a nuestro castellano con el vocablo infierno. Dichos téminos en las primeras generaciones no significaron más que sepulcro; pero con el avance del tiempo y las culturas, se espiritualizó el tema; creyendo que hay algo mas allá de los sepulcros. Bueno, eso se ha vuelto la fe del cristianismo, porque sabemos que cada ser humano tiene facultades espirituales que no mueren. Eso espiritual del ser humano que no muere, o a donde queda o a donde van. Decimos que los malos van al infierno y los buenos al cielo. Los católicos hablan de un purgatorio, donde se ponen a los no muy malos. De esa manera acomodamos las cosas, pero, Dios sabe a donde pone a cada quien.
El infierno en la tierra.
En la Biblia leemos unas palabras como: Hades, gehenna, seol que significan enterrar a nuestros difuntos.  Dice la escritura bíblica: El polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio” (Eclesiastés 12:7). Los seres cumplen su siclo de vida y se devuelven a la tierra, para volverse tierra como fue. Esta verdad se ilustra como que el ser humano es como una gota de agua salpicada del mar, la misma que al fin cae de nuevo en el mar. Esa gota al caer en el mar, no se conserva como gota aparte, sino se diluye entre toda el agua. Eso es volver a la tierra, mejor dicho volverse tierra. Nada hacemos conservando a nuestros seres queridos difuntos en nichos o lujosos monumentos, porque con el paso de los siglos  inevitablemente se volverán tierra o se petrifican que es la misma tierra hecha piedra. Pero no todos terminan enterrados; muchos humanos muertos son arrojados al mar, al fuego, o abandonados para ser comidos de las fieras; como sea todo se vuelve tierra.

En las afueras de Jerusalén se sitúa el valle de Himon, donde el fuego siempre estaba encendido, porque allí toda la ciudad estaban de arrojando sus desperdicios incluyendo cadáveres de humanos abandonados, y animales. Jesús utilizó ese fuego para ilustrar sus enseñanzas; por ejemplo dijo a sus discípulos, que cuando su ojo o su manos les ocasione caer, lo corten y lo echen a ese fuego (Mateo 5: 29) para evitar que todo su cuerpo les arrojen allí. Es decir si tu ojo o tu mano se gangrenan, debes cortarlos y echarlos al gehenna, sino va a corromper a todo tu cuerpo y con todo te arrojan al fuego. Aquí Jesús usa el término infierno: “y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno”, pero no se refiere al infierno espiritual eterno, sino al infernal fuego del valle de Himon.

Aquel fuego del valle de Himon era  impresionante, y empezaron a creer que allí habitaba Moloc, dios del fuego, y en ese lugar le construyeron altar donde se ofrecían sacrificios de niños (Jeremías 7:31). Moloc era cuerpo de hombre con cabeza de becerro, cuya estatua estaba fabricada en bronce. La enorme estatua se sostenía sobre una gran base, bajo la cual permanentemente ardía un horno que mantenía a tal estatua de bronce al rojo vivo. Sobre los brazos candentes de ese dios, los padres ponían vivos a sus mejores hijos niños como ofrenda. Esos horrendos sacrificios infantiles se aumentó, tal que a ese lugar le llamaron el valle de la matanza (Jeremías 19:6).

Para muchos aquel fuego permanente en el valle de Himon es reflejo del infierno donde serán arrojados los espíritus malos para que se estén quemando perpetuamente. Pero es de notar una diferencia: Al infierno del valle de Himon se arrojan cuerpos y cosas materiales, al fuego del infierno eterno no van cuerpos sino espíritus. Es decir al fuego eterno no pueden ir cuerpos, porque en minutos se volverían cenizas. ¿Qué pasara con los que resucitan para luego ser mandados al infierno? ¿Volverían a morir quemados? Cristo ilustró al infierno como un fuego que nunca se apaga, al alma como un gusano que no muere (Marcos 9:43-44). Entonces el infierno no sería tan fuego como lo imaginamos.

El fuego del infierno.
Jesús habló del infierno especificando que es fuego; sin embargo para el cielo también  dice que es fuego. Esa verdad lo mostró Jehová en visión al patriarca Abraham: Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos (Génesis 15:17). El infierno un horno humeando, el cielo una antorcha de fuego. En la Biblia abundan pasajes que nos hablan de un infierno de fuego, pero también nos dice que Dios es fuego consumidor (Hebreos 12:29).

Fuego en la Biblia no siempre significa el fuego que achicharra. Por ejemplo Jesús dijo: “Fuego vine a echar en la tierra; ¿y qué quiero, si ya se ha encendido?” (Lucas 12:49). Se refería a esos litigios que tenía con los religiosos fariseos. Los fariseos y otros religiosos tradicionalista sentían ese fuego de rabia y celo en sus corazones contra Jesús. En otro pasaje nos dice que el amor también es fuego: “Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo; porque fuerte es como la muerte el amor; duros como el Seol los celos; sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama. Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos” (Eclesiastés 8:6). El apóstol Santiago habla de otra clase de fuego: Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros” (Santiago 5:3) Este es el fuego en el corazón de los ricos; pues, ellos atesoraron para el futuro, pero se dan cuenta que en el futuro no les va a servir en nada. Saben que morirán como mueren todos, sin que sus  riquezas les brinden el menor auxilio. Entonces fuego no es solo eso que quema las cosas, sino diversas pasiones en la conciencia humana.

Es de preguntarse: ¿Cual fuego arde el infierno? Dice la Biblia: “Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno” (Santiago 3:6). La lengua está en el cuerpo y es un infierno que inflama todo el ser. Es un infierno de fuego ya encendido en el pecador.

Infierno, una prisión.
San pedro es precisó; que el infierno es una cárcel oscura: “Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad… para los cuales la más densa oscuridad está reservada para siempre” (2 Pedro 2:4 y 17).  Jesús confirma esta verdad en una de sus parábolas donde al siervo malo le condena a las tinieblas, donde los condenados llorarán crujirán los dientes: (Mateo 22:13). También el apóstol Judas Tadeo aporta: “Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día” (Judas verso 6). El peor fuego del infierno es verse condenado a vivir la eternidad en una profunda prisión oscura. Oscura porque no cuentan con la presencia de la luz que es Cristo (Juan 1:4). San Pablo dice: “Los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder” (2 Tesalonicenses 1:9). Crisóstomo decía que el ser apartado de Dios debe ser más horrible que el fuego del infierno.
Cristo cuando murió hizo una visita a esa prisión infernal. Dice la Biblia: “Muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados” (1 Pedro 3:19). San Pablo también declara que Cristo antes de ascender a los cielos, descendió a lo mas bajo de la tierra (Efectos 4:9). Ante estos hechos, no sabemos que decir, y mas misterioso es que en esa visita les predicó. ¿Qué le habrá predicado?... ¿Les hará otras visitas? Pues, él tiene las llaves de esa prisión (Apocalipsis 1:17).

Donde se sitúa el infierno.
El infierno es el tema muy usado religiosamente para atemorizar a la gente, a fin de que se vuelvan más religiosos, más fieles; pero están creando una religiosidad por miedo, mas no por convicción. Nadie piensa ser buen cristiano por amor a Dios, sino por temor al infierno. Mejor seguir el consejo bíblico: “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre” (Eclesiastés 12:12).

El fin del mundo aún está lejano

La Biblia predica el fin del mundo, pero dice que antes deben sucederse grandes eventos, como la predicación del evangelio eterno, la conquista de todos los reinos y gobiernos para Cristo, etc., mientras tanto nos dice:Temed en su presencia, toda la tierra; El mundo será aún establecido, para que no se conmueva”  (1 Crónicas 16.30).

Hay versículos bíblicos que hablan del fin del mundo, pero no lo expresan como un acontecimiento en seguida, sino como algo que hay que esperar. Por ejemplo el profeta Isaías escribió: Alzad a los cielos vuestros ojos, y mirad abajo a la tierra; porque los cielos serán deshechos como humo, y la tierra se envejecerá como ropa de vestir, y de la misma manera perecerán sus moradores; pero mi salvación será para siempre, mi justicia no perecerá (Isaías 51:6). Y sin embargo también dice: “Y tu pueblo, todos ellos serán justos, para siempre heredarán la tierra; renuevos de mi plantío, obra de mis manos, para glorificarme. El pequeño vendrá a ser mil, el menor, un pueblo fuerte. Yo Jehová, a su tiempo haré que esto sea cumplido” (60:21). El gran profeta Isaías tiene la visión de un mundo que todavía tiene que seguir disfrutando de la vida. Como también dijera Cristo: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10). Dios en su infinito amor no permitirá el fin de su creación se dé antes que todas sus promesas se cumplan.

La tierra recuperará su gloria con que fue creada.
La creación, es obra de arte del Creador, y lleva el sello de la perfección, y de la duración; como repite las Escrituras: Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31). Hoy no podemos decir que la tierra está en gran manera buena; se producen cosas que en ves de ser dulces, son amargas. Es que desde el pecado de Adán y Eva la tierra esta maldita, y solo produce espinos y cados (Génesis 3:17). Pero hay la promesa de que esa maldición será quitada, y se recuperará esa vida del Edén. Esto será otro gran evento de antes del fin del mundo.
La tierra, a lo actual no esta cumpliendo normalmente los propósitos con que fue creada, pero está dada la promesa de que viene su época gloriosa, cuando la maldición adámica será quitada. Entonces funcionará para los fines que fue creada., y todos podrán ver que es una creación: “En gran manera buena” Dice en Romanos 8:18-21: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios A esto se refiere Isaías cuando escribe: “Ciertamente consolará Jehová a Sion; consolará todas sus soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voces de canto” (Isaías 51:3). También el profeta Ezequiel aporta a esta verdad diciendo: “Y dirán: Esta tierra que era asolada ha venido a ser como huerto del Edén; y estas ciudades que eran desiertas y asoladas y arruinadas, están fortificadas y habitadas. Y las naciones que queden en vuestros alrededores sabrán que yo reedifiqué lo que estaba derribado, y planté lo que estaba desolado; yo Jehová he hablado, y lo haré” (Ezequiel 36:35). Entonces queda todavía una larga vida para el mundo; una vida como lo fue en Edén.
Cuando a Cristo le preguntaron cuando será el fin y que señales habrá, mencionó que vendrían unos desastres, pero que no indican el fin, sino el principio de dolores (Mateo 24:6-8). Se refiere a los dolores del parto, que indican la llegada de una nueva era de vida para este mundo. Esa vida abundante esta profetizada desde la antigüedad. El profeta Isaías nos dejó un gran escrito: “Mas os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado; porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo. Y me alegraré con Jerusalén, y me gozaré con mi pueblo; y nunca más se oirán en ella voz de lloro, ni voz de clamor. No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años será maldito. Edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas. No edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma; porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarán la obra de sus manos. No trabajarán en vano, ni darán a luz para maldición; porque son linaje de los benditos de Jehová, y sus descendientes con ellos. Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído. El lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey; y el polvo será el alimento de la serpiente. No afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dijo Jehová” (Isaías 65:18-25). Aquí no nos esta hablando de la vida eterna, sino de la vida todavía mortal, pero mas longeva; dice que una persona no morirá antes de cumplir cien años. También aclara que en esa vida todavía existirán pecadores, pero cada uno de ello no lograra vivir mucho. También será una vida con sus lobos, leones, corderos, serpientes etc. Paro estos animales ya no será fieras, sino el hombre los apacentará. El mismo gran profeta Isaías dice: “Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar” (Isaís11.6-9). Los demás profetas también a puntan a tema, y en todos los casos indican el retorno del Edén a esta vida terrena. Será una época propicia para la predicación del evangelio: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:l4). No se puede hablar del fin sin que antes se vea cumpliéndose estas profecías.

Los que desean el fin del mundo.
Hay mucha gente que paradójicamente anhela el fin del mundo. Unos se pasan imaginando fechas, y tras de ellos un gran pueblo deseosos de que les hablen de ese tema; ellos hasta se enojan cuando se les dice que el fin del mundo todavía esta lejano. No están dispuestos a esperar unos millones de años más. Esta gente en su desesperación, sueñan con fechas para el fin del mundo. Hay larga lista de los que han vaticinado fechas, pero todos han resultado falsas profecías. El último pronóstico fue la del predicador Harold Camping que dijo que el mundo acabaría el 21 de mayo de 2011, y ya pasó esa fecha sin que nada extraño ocurriera.
Ya hay Otros propuestas para el fin del mundo, como que el 21 de diciembre del 2012 el mundo se acabará. Otros dicen que en la próxima década habrá una alineación de planetas y eso acabará con nuestro mundo. Los musulmanes, tienen una fecha para el fin del mundo, dicen que será en el año 2018. Hay también los dicen que se acerca un cuerpo celeste gigante que va a chocar contra la tierra. Además se habla de tormentas del sol que va a aumentar la temperatura a más de 40 grados, calor que causará mortandad de seres humanos y animales; y las cementeras tampoco podrían sobre vivir al tremendo calor, por lo que hay la idea de recoger toga clase de semilla para almacenarlas en túneles bajo el hielo de los polos; para que cuando pase la calurosa tormenta se vuelva a sembrar la tierra.

Hay que estar alertos, porque vendrán muchos engaños respecto al fin del mundo. Nuestro Señor anticipó que se montarían falsas profecías referentes al fin del mundo,  pero a sus seguidores nos desafía a adoptar la conducta de espera persistente hasta el fin, no importa cuando llegue (Mateo 24:13).